Cada 27 de mayo, Bolivia se detiene para rendir homenaje al pilar fundamental de sus hogares: las madres. Se llenan las calles de flores, se organizan actos escolares y los discursos se tiñen de poesía sobre el amor incondicional y el sacrificio. Sin embargo, detrás de lo poético de la fecha, los datos nos invitan a mirar la realidad sin filtros.
Las madres bolivianas no solo sostienen emocionalmente sus hogares, sino también gran parte de la economía —visible e invisible— del país.
El análisis de Ipsos CIESMORI revela que la maternidad hoy está atravesada por una tensión estructural: la presión económica externa y la desigual distribución del cuidado dentro del hogar. Una realidad que no es exclusivamente local, sino parte de una problemática global ampliamente documentada por organismos internacionales.
El hallazgo clave ya no es solo que las madres enfrentan una doble jornada, sino que:
La maternidad en Bolivia está inserta en una “economía del cuidado” invisibilizada, donde el aporte de las mujeres es estructural pero poco reconocido.
A nivel mundial según PNUD y NNUU:
- Las mujeres realizan más del 75% del trabajo de cuidado no remunerado.
- Dedican 2,5 veces más tiempo que los hombres a estas tareas
- Y aportan hasta 40% del PIB si este trabajo fuera valorizado
Esto contextualiza los resultados del estudio: lo que vemos en Bolivia no es una percepción aislada, sino una expresión local de una desigualdad estructural global.
La urgencia económica
Cuando se consulta a la población sobre cuál es el desafío más difícil que enfrentan las madres en la actualidad, la respuesta económica es rotunda. El 42% de los encuestados señala que la presión económica y el costo de vida para mantener a la familia es la principal fuente de angustia. La madre boliviana de hoy no es un actor secundario o pasivo; es una proveedora activa que siente de primera mano la volatilidad del bolsillo.
No obstante, hay que aclarar que la presión económica no llega sola. Inmediatamente después, el 29% identifica como el mayor reto el equilibrio entre el trabajo fuera de casa y las tareas del hogar. Es decir, para siete de cada diez bolivianos, la mayor complejidad de ser madre hoy pasa por la subsistencia financiera y una doble jornada laboral.
Por otro lado, aparecen los desafíos propios de la modernidad, como la crianza de los hijos en entornos digitales y redes sociales (16%), demostrando que, las madres además de resolver el día a día ahora de igual forma deben de preocuparse por las pantallas y dispositivos móviles.
El costo invisible: tiempo, salud y carga mental (potenciado)
Solo el 11% menciona la salud mental como principal. Pero esto no implica que no exista, sino que está normalizado e invisibilizado.
Según ONU Mujeres:
Las mujeres realizan tareas como organización del hogar y planificación, lo que incluye “carga mental” constante
El verdadero problema no es la falta de tiempo, sino la sobrecarga estructural de roles.
Dos realidades bajo el mismo techo
Si el desafío externo es económico, el interno es cultural, y es aquí donde los datos revelan una fractura social. Al evaluar qué tan equitativa es la distribución del cuidado de los hijos y las tareas del hogar entre padres y madres, hombres y mujeres parecen vivir en planetas completamente diferentes.
Existe un evidente «espejismo de la equidad» en la mirada masculina: el 40% de los hombres encuestados asegura que la distribución en su entorno es equitativa, es decir, que ambos comparten las responsabilidades por igual. Sin embargo, cuando se escucha la voz de las mujeres, la percepción cae drásticamente: solo el 21% de ellas coincide en que existe esa igualdad; lo que demuestra que lo que muchos hombres consideran «colaboración», para las mujeres sigue siendo insuficiente.
La realidad que viven las mujeres se concentra en el desequilibrio. El 41% de ellas afirma que la situación es desequilibrada (el padre «ayuda», pero la responsabilidad principal sigue siendo de la madre). Otra situación notoria es el extremo del aislamiento: casi tres de cada diez mujeres (29%) asegura que la corresponsabilidad es inexistente y que la madre asume sola la totalidad del cuidado y las tareas, una percepción que solo comparte el 13% de los hombres.
No estamos frente a una falta de ayuda, sino a una diferencia de percepción sobre qué significa “corresponsabilidad”.
Esto se alinea con evidencia global:
Incluso cuando trabajan, las mujeres siguen asumiendo la mayor carga de cuidado.
Del dato a la vida cotidiana
En el mundo de la investigación de mercados, los números adquieren su verdadero valor cuando revelan cómo vive la gente de carne y hueso. Para quienes diseñan productos, comunican ideas o gestionan espacios públicos y comerciales, estos hallazgos son una brújula indispensable, pues las madres bolivianas no solo sostienen emocionalmente al país, sino que también deciden y administran una buena parte de la economía del hogar.
Mirar de cerca sus tensiones actuales nos invita a dejar de lado relatos comerciales del ayer y sintonizar con sus necesidades reales. Hoy la sociedad agradece discursos y entornos que validen la “verdadera realidad” de las mamás y que, en lugar de idealizar el sacrificio solitario, naturalicen la corresponsabilidad y visibilicen hogares donde el peso se comparta de forma equitativa.
Al mismo tiempo, cuando el tiempo y el dinero son los recursos más escasos en la rutina de una mujer, el valor de las cosas cambia drásticamente. Las soluciones que verdaderamente importan en el día a día son aquellas que simplifican, las que alivian la carga mental, ahorran pasos en la cotidianidad y protegen el bolsillo familiar sin obligar a sacrificar el bienestar de los suyos. Entender estas dinámicas no es un ejercicio frío de estadística, sino la oportunidad de afinar el oído para escuchar lo que realmente se conversa en las mesas de las familias bolivianas
Este 27 de mayo, el mejor homenaje que podemos hacerles a las madres bolivianas va más allá de las palabras bonitas de ocasión. Los datos nos recuerdan que la verdadera celebración pasa por generar acciones conscientes que transformen las dinámicas del hogar, rompan el espejismo de la «ayuda» y avancen hacia una corresponsabilidad real. Solo así el peso de construir el futuro del país dejará de recaer de forma invisible sobre los hombros de una sola persona.
Las madres no buscan ser idealizadas, sino comprendidas.
Lo que realmente valoran:
- Ahorro de tiempo
- Reducción de carga mental
- Apoyo concreto en la vida cotidiana
- Soluciones económicas
El valor hoy no está en “celebrar a mamá”, sino en “aligerar ser mamá”.
Este 27 de mayo, el mayor reconocimiento no debería quedarse en el plano simbólico.
Los datos muestran que la maternidad sostiene:
- La economía visible del hogar
- Y una economía invisible de cuidado que hace funcionar la sociedad
Reconocer esto implica pasar del discurso a la acción: redistribuir, visibilizar y reducir la carga.
Porque mientras la corresponsabilidad siga siendo percibida —y no vivida—, el peso del desarrollo seguirá recayendo silenciosamente sobre las madres.