Una lectura necesaria sobre la urgencia ambiental en Bolivia.
En Bolivia, la preocupación ambiental no empieza en los glaciares ni termina en las cumbres internacionales sobre cambio climático. Empieza mucho antes, y mucho más cerca. Empieza en la calle, en el río que cruza el barrio, en el contenedor que no se vacía, en la bolsa de basura que se acumula.
En la reciente medición del Tracker de Marketing (TdM) 2026, al consultar a la población urbana de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz cuál es el problema ambiental más urgente que enfrenta hoy el país, la respuesta fue clara y consistente, el 31% identifica la basura como el principal problema ambiental del país, superando a cualquier otra problemática medida en la encuesta.
Y ese dato, más que un indicador ambiental, es un termómetro social.
La ecología de lo cotidiano
Desde una mirada más cercana, lo “urgente” no se define únicamente por la gravedad técnica del problema, sino por su presencia en la vida diaria. Las personas priorizan aquello que impacta directamente en su salud, su entorno y su bienestar inmediato.
En ese sentido, la basura cumple todas las condiciones:
- Se ve.
- Se huele.
- Se acumula.
- Afecta la convivencia cotidiana.
No requiere explicaciones expertas ni proyecciones a futuro. Está ahí, todos los días.
Por eso, incluso frente a fenómenos asociados al cambio climático —como las inundaciones (24%), la deforestación y los incendios forestales (20%) o la contaminación del agua (13%)— la basura emerge como el problema ambiental más mencionado.
Lo urgente, en Bolivia, no es lo más abstracto: es lo más próximo.
Un país, varias ciudades… una misma molestia
Más allá de las diferencias territoriales, el patrón se repite con notable consistencia en las cuatro ciudades del eje troncal.
- En El Alto, el 34% de la población identifica al manejo inadecuado de la basura como el principal problema ambiental.
- En Cochabamba, la proporción es incluso ligeramente mayor: 34%.
- La Paz se mantiene muy cerca del promedio nacional, con 29%, confirmando que se trata de una preocupación transversal.
- Santa Cruz de la Sierra, aunque muestra un nivel relativamente menor (25%), introduce un matiz relevante: en esta ciudad cobra mayor peso la preocupación por la deforestación y los incendios forestales (23%), reflejando una sensibilidad más directa hacia el impacto ambiental en territorios productivos y áreas periurbanas.
En conjunto, los datos muestran una verdad difícil de ignorar: la basura es el denominador común del malestar ambiental urbano en Bolivia, por encima incluso de amenazas climáticas de largo plazo.
No es un problema localizado ni circunstancial. Es una experiencia compartida.
El factor generacional: lo más urgente se vuelve más urgente con la edad
El problema de la basura atraviesa edades, pero se intensifica con los años. Mientras que entre los jóvenes de 18 a 29 años la preocupación alcanza al 25%, entre las personas de 62 a 78 años asciende de forma significativa hasta 44%.
Este gradiente generacional sugiere algo clave: la percepción de urgencia ambiental no solo depende del discurso global, sino del tiempo de exposición al deterioro del entorno. Quien ha visto cómo cambió su barrio, su río o su ciudad, tiende a percibir la basura no como un problema aislado, sino acumulativo.
Cambio climático: relevante, pero más lejano
Las inundaciones (24%) y las sequías asociadas a la crisis climática (6%) ocupan un lugar importante en la agenda ambiental, pero no logran desplazar a la basura del primer puesto.
¿Por qué? Porque el cambio climático, aunque reconocido, sigue percibiéndose como:
- Errático.
- Difícil de controlar.
- Parcialmente externo a la acción individual.
La basura, en cambio, interpela directamente a la responsabilidad colectiva y cotidiana. Tiene autores visibles —aunque difusos— y consecuencias inmediatas.
Lo urgente no siempre es lo más grave. Es, simplemente, lo que no se puede esquivar.
¿Qué deberían leer aquí las marcas y las empresas?
Este hallazgo no es neutro para quienes toman decisiones en marketing, comunicación y desarrollo de marca.
Hablar de sostenibilidad en Bolivia exige bajar el discurso a tierra, literalmente. Exige pasar del propósito abstracto a la solución concreta, del mensaje global al impacto local.
Las marcas que busquen legitimidad ambiental tienen una oportunidad clara si logran:
- Vincular su propuesta a la gestión responsable de residuos.
- Hacer visibles sus acciones, más allá de campañas aisladas.
- Aportar soluciones prácticas que se integren al día a día de las personas.
En un contexto donde la basura es percibida como un problema sin responsables claros, las marcas que asuman un rol activo pueden convertirse en actores relevantes de la solución.
Una idea final para llevarse
En Bolivia, la sostenibilidad no empieza en los grandes discursos ni en los foros internacionales. Empieza en la vereda, en el mercado, en el río cercano.
Empieza donde la basura se acumula.
Porque hoy, en la percepción ciudadana, el cambio climático se siente… pero la basura se ve.
Y las marcas que entiendan esa diferencia estarán un paso adelante.